22 Noviembre, 2017

Prevención prolongada de la diabetes mediante cambios de estilo de vida

En un metanálisis de 43 estudios internacionales de adultos con prediabetes, los cambios del estilo de vida, y determinados fármacos, evitaron la diabetes, aunque el efecto fue prolongado solo en los que realizaron la intervención con modificación del estilo de vida.[1]

La Dra. J. Sonya How, de la Emory University, en Atlanta, Estados Unidos, y sus colaboradores, afirman en un artículo publicado el 6 de noviembre en JAMA Internal Medicine, que “la dieta con actividad física o pérdida de peso, y los fármacos sensibilizadores a la insulina, previenen la progresión a diabetes en personas de riesgo, con necesidad de tratar a 25 personas para evitar un solo caso de diabetes”.

Las intervenciones estaban asociadas a un descenso de 36% a 69% del riesgo de progresión a diabetes durante el tratamiento. Este descenso del riesgo no se mantuvo al suspender el tratamiento farmacológico, pero persistió después de detener la intervención en el estilo de vida, aunque el efecto se desvaneció con el tiempo. De todas las intervenciones, “la pérdida de peso puede ser el factor clave asociado a disminución de la progresión a diabetes”, explican los investigadores. Observaron que cada kilogramo de peso perdido estaba asociado a un descenso adicional de 7% del riesgo de progresión a diabetes.

La Dra. Haw y sus colaboradores señalan que “en conjunto, nuestros hallazgos indican que las intervenciones de modificación del estilo de vida son medidas prometedoras de prevención de la diabetes a largo plazo. No obstante, para lograr efectos prolongados de la intervención pueden ser necesarias intervenciones de mantenimiento, incluso intermitentes.

 Búsqueda de medidas específicas para prevenir la diabetes

Se ha comprobado que la prevención primaria de la diabetes es rentable en diferentes poblaciones, y es esencial para reducir la carga creciente de diabetes, según la Dra. Haw y su equipo, “pero existen resultados contradictorios respecto al tipo, la frecuencia, y la intensidad de la modificación del estilo de vida, o sobre qué fármacos son los más duraderos para fundamentar la práctica clínica”.

Para investigar esta cuestión, identificaron 43 estudios comparativos aleatorizados de adultos (18 años de edad o más) con prediabetes: 19 estudios evaluaron 1 o varios fármacos, 19 analizaron modificaciones del estilo de vida, y 5, ambos.
Descartaron los estudios que incluyeron cirugía bariátrica, diabetes gestacional, diabetes de tipo 1, o prediabetes no confirmada.

Cuarenta de estos estudios tenían un seguimiento entre 6 meses y 6,3 años, y los 3 restantes tenían un seguimiento mucho más largo: El US Diabetes Prevention Program (DPP) a 10 años, el Finnish Diabetes Prevention Study(DPS) a 13 años, y el Da Qing Diabetes Prevention Study (Da Qing) a 20 años desde la aleatorización.

Los 43 estudios comprendían 49.029 participantes en total de Asia, Europa y Norteamérica. Los participantes tenían una media de edad de 57 años, y un índice de masa corporal de 30,8 kg/m2, y casi la mitad (48%) era del género masculino.

En los 19 estudios con modificación del estilo de vida, durante una intervención media de 2,6 años, los pacientes asignados al azar a cambios alimentarios, ejercicio, o ambos, tenían un riesgo 39% más bajo de ser diagnosticados con diabetes, en comparación con los controles (riesgo relativo [RR]: 0,61; IC 95%: 0,54 – 0,68).

Las medidas combinadas alimentarias y de actividad física fueron las más apropiadas, con un descenso del riesgo, de 41%.

En los 21 estudios con medicación, durante una intervención media de 3,1 años, los pacientes asignados al azar a medicación tenían un riesgo 36% más bajo de ser diagnosticados con diabetes, que los pacientes asignados al azar como controles (RR: 0,64; IC 95%: 0,54 – 0,76).

El descenso del riesgo fue máximo con fármacos para adelgazar (orlistat, combinación fentermina-topiramato; 63%), seguidos por los sensibilizadores a la insulina (metformina, rosiglitazona y pioglitazona; 53%).

Entre los fármacos antagonistas del sistema renina-angiotensina, solo el valsartán consiguió un descenso del riesgo significativo, de 10%. Los inhibidores de la α-glucosidasa (acarbosa, voglibosa) lograron un descenso del riesgo de 38%, que fue significativo en 2 de 5 estudios. Un hipolipemiante (bezafibrato), y un análogo de insulina (glargina), consiguieron descensos del riesgo de 32%, y 21%, respectivamente.

La terapia de reemplazo hormonal con estrógeno o progestágeno, y los secretagogos de insulina (glipizida, nateglinida) no estaban asociados a un descenso significativo del riesgo relativo de recibir un diagnóstico de diabetes.

Sostenibilidad y orientación futura de la investigación

Para explorar si los efectos de prevención de la diabetes se mantenían al suspender el tratamiento, los investigadores calcularon el riesgo de recibir un diagnóstico de diabetes al final del periodo de lavado farmacológico, o de seguimiento, en los estudios que analizaban este parámetro (cinco con evaluación de fármacos, tres con evaluación de modificaciones del estilo de vida, y uno con evaluación de ambos).

Después de un seguimiento medio de 7,2 años, los pacientes que habían realizado modificaciones del estilo de vida tenían un riesgo 28% más bajo de ser diagnosticados con diabetes, frente a los controles (RR: 0,72; IC 95%: 0,60 – 0,86).

Después de un seguimiento medio de 17 semanas, los pacientes que habían recibido medicación no tenían un descenso del riesgo de ser diagnosticados de diabetes mayor que los controles (RR: 0,95; IC 95%: 0,79 – 1,14).

 Los autores del estudio concluyeron que como los efectos de las intervenciones disminuyen con el paso del tiempo, la investigación futura debe orientarse a identificar medidas de mantenimiento efectivas y rentables, para prevenir o retrasar la progresión de la diabetes.
La Dra. Haw y sus colaboradores afirman que “además, son necesarios más estudios para identificar las diferencias de los efectos de una intervención en las personas con intolerancia a la glucosa aislada, alteración de la glucosa en ayunas aislada, o ambas, con el fin de elaborar planes de prevención individualizados más apropiados”.
Concluyeron que “para disminuir la carga global de diabetes es fundamental la diseminación, y la aplicación práctica de la modificación del estilo de vida con medidas para la sostenibilidad a largo plazo, y a gran escala”.
El estudio está financiado por una beca del Disease Control Priorities Network para el Institute for Health Metrics and Evaluation de la Bill & Melinda Gates Foundation y por becas del Georgia Center for Diabetes Translation Research. La Dra. Haw ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Las declaraciones de conflicto de intereses de los coautores se encuentran en el artículo.
Fuente: MedScape.com
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Publicado en Artículos y Publicaciones
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